Por Álvaro Cueva
Me da mucha “risa” el fenómeno MTV.
Como usted sabe, hace algunos meses se anunció la desaparición de este importante canal de televisión de paga.
➜ ¿Y qué pasó? Media humanidad se rasgó las vestiduras: “¡Oh, Dios! ¿Cómo es posible?”, “¡El final de una época!”, “¡Qué noticia tan más terrible!”, “¡La culpa es de TikTok!”, “¿Qué vamos a hacer ahora?”
¿Así o más hipócritas? No, pero espérese. Se pone peor. A todas estas patéticas expresiones de falso dolor súmele el protagonismo:
- “A mí, MTV me cambió la vida”, “Yo lo veía cuando era chiquita”, “Me acuerdo perfecto de cuando salió al aire”, “¡Oh, sí! ¡Cuántos recuerdos!”, “¡Jamás olvidaré los unpluggeds!”.
- Se me cae la cara de vergüenza. ¿Por qué si MTV era algo tan sagrado, un alto porcentaje de esas personas tan afectadas tenían años sin verlo?
-¿Por qué si MTV era una señal tan fundamental, la prensa especializada y los influencers jamás reportaban lo que estaba sucediendo ahí?
-¿Por qué si toda esa gente sentía un amor tan desmedido por esa marca, por qué si sabían tanto, por qué si la tenían tan presente, nunca lo dijeron?
Estamos ante un tema que merece un análisis profundo porque dice muchas cosas de las industrias de la comunicación y del entretenimiento pero también de nosotros.
-Primero: la televisión de paga ahí está, ahí sigue y sus señales continúan creando y distribuyendo grandes contenidos. Si no los está viendo, pues qué pena por usted. No sabe de lo que se está perdiendo. El cable y las antenas directas al hogar son mil veces menos estresantes que las plataformas y las redes sociales.
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