Colección de Leonardo García Tsao
Según se sabe, los primeros treinta y pico años de su historia, el cine era silente mientras se inventaba y perfeccionaba una técnica de grabación compatible. Para algunos puristas ese período es cuando el cine alcanzó su máxima expresión como un medio visual, hasta cierto punto independiente de la palabra. Lo que es innegable es la riqueza de producción y los avances conseguidos en muy poco tiempo. Estas son diez de sus obras maestras:
- Intolerancia (1916). D. W. Griffith realizó con El nacimiento de una nación, la primera obra madura del cine. Pero con su siguiente superproducción -y su arriesgada narración que alterna cuatro tiempos diferentes-, sentó las bases para enfrentar al cine como una constante exploración de sus potencial expresivo. El episodio babilónico es el más espectacular.
- Avaricia (Greed, 1923). El excéntrico director Erich von Stroheim quiso ser tan fiel a la novela epónima de Frank Norris que realizó una película de diez horas de duración. Conocida sólo en versiones mutiladas por su productora, esta obra maestra perdida es una sórdida y realista descripción de las bajas pasiones entre un trío de personajes. (Hace poco se reconstruyó lo más cercano a una versión completa, gracias al uso de fotofijas).
- Napoleón (1924). Monumental épica biográfica sobre el personaje más importante de la historia francesa, realizada con arrojo y visión por Abel Gance. Reconstruida en 1979 por Kevin Brownlow con todo y su famoso tríptico final, la película aún sorprende por el imaginativo empleo de los recursos cinematográficos, al grado de disfrazar la simpleza de la elegía. El año pasado se proyectó en Cannes una versión aún más completa.








































